La división exterior en pisos no se corresponde con el espacio interior, que ocupa un gran salón con naves separadas por columnas anilladas y cubierto por bóvedas estrelladas. En la ornamentación se sigue también el nuevo estilo renacentista, visible sobre todo en las ventanas y en el friso de la inscripción que recorre toda la sala. El motivo más repetido es el escudo de la ciudad, portado por ángeles sobre los capiteles de las columnas y tallado en las claves de las bóvedas.
Hoy, la magnificencia de sus columnas (llamadas "aragonesas" y caracterizadas por tener un anillo en el fuste, a un tercio de su altitud) y bóvedas acogen exposiciones municipales. Tras su reciente restauración los colores han vuelto a los relieves de los medallones exteriores, en los que Gil Morlanes inmortalizó a personajes de la época.