Cuenta la historia que fue en este espacio donde se ubicaron algunas baterías durante la Guerra de Cuba, a finales del siglo pasado.El mirador ofrece variados puntos para la observación del paisaje, el ventanal circular del interior del inmueble, situado frente al mar; desde el pasillo exterior que rodea la edificación y desde la terraza superior que lo corona, a la que se accede desde una escalera de caracol, de mampostería con peldaños de madera.
El interior es otro de los grandes atractivos de este centro turístico. El acceso es uno de esos laberintos a los que César Manrique era tan aficionado, para sorprender al visitante con el espectáculo del mar abierto y deslumbrante. Del techo cuelgan dos esculturas en forma de bulbo invertido, compuestas de varillas de hierro retorcidas en espiral y curvadas, que acaban en finas láminas del mismo metal. La belleza del Mirador radica en su aparente sencillez, en la utilización del círculo y de las formas curvas o elípticas, que ocultan una gran complejidad técnica.